sábado, 2 de noviembre de 2019

APRENDER A DESAPRENDER

El nuevo desafío del docente del siglo XXI implica -en palabras del pedagogo brasilero Paulo Freire- una pedagogía de la pregunta, sortear la propia resistencia desterrando al autómata devenido y reinventarse a partir de la deconstrucción necesaria. En esta perspectiva, donde la adquisición de nuevas competencias es fundamental, la clave es aprender de los errores y crear una forma personal de enseñar y habitar la escuela que esté a la altura de la curiosidad de los estudiantes.


Si hablamos de educación, difícilmente encontremos palabras que la describan mejor: “PRÁCTICA COMPLEJA”. Hay tantas reflexiones que pueden hacerse en torno a ella que priorizar algunas y descartar otras sería injusto en pos de la trama que constituye y que es necesario desandar si queremos mejorarla. Esa complejidad ciertamente, no puede jamás disociarse de la noción de contexto en todas sus facetas pero fundamentalmente de la que tiene que ver con el tipo de sociedad que viene desarrollándose a partir de los vertiginosos cambios culturales e históricos; tecnológicos y por qué no, ideológicos a nivel global.
Al escuchar las palabras de María Favret en la conferencia "LO QUE DEBEMOS DESAPRENDER PARA PODER ENSEÑAR" se desempolvan las ganas de cambiar el mundo. Porque...¿cómo se cambia el mundo si no es través de la educación?. Entonces, como parte de aquellas reflexiones, lo primero es pensar y mirar desde otro lugar; un lugar que no es precisamente la zona de confort que maneja el tiempo de 234 personas, como cuenta Favret en la historia inicial de su ponencia.
Llegamos a un punto en el que ya no alcanza hablar de observación y reflexión; lo realmente necesario es salir del concepto escuela que arrastramos para un real replanteamiento de estrategias que apliquen a esta nueva sociedad. Pensar en la educación de hoy conduce a reconocer que urge dar un salto que implique la deconstrucción de patrones y representaciones tanto sociales como escolares. La misma sociedad demanda a través del crecimiento de la escolarización, un cambio profundo y transformador, de calidad. Y en ese salto, pensar al sujeto y sus preguntas para luego formular las propias. He allí el desafío, entre otros, que implica adquirir nuevas competencias. 
Los docentes, por lo tanto, no pueden olvidar -en su despliegue profesional- su responsabilidad pedagógica y política en tanto son instrumentos de transmisión cultural. Es decir que la racionalidad técnica es -a la postre- obsoleta y se requiere indefectiblemente comprender el alcance de lo vincular y lo contextual, descartando el posicionamiento de ejecutor o reproductor y abrazando el rol mediador que requieren hoy los nuevos estudiantes.
Sabemos de la multidimensionalidad de la educación y del enriquecimiento que supone volver la vista hacia ello, porque la práctica docente no se reduce a enseñar en un aula sino que constituye una práctica social compleja; hablamos de la enseñanza como el núcleo fundante de la práctica, anclada en la dimensión histórico sociocultural.
Y en esa complejidad, hoy sabemos que "la escuela ya no ocupa el lugar central en la transmisión cultural a las jóvenes generaciones jóvenes, como si lo hacía antaño" y he aquí la necesidad concomitante a las nuevas competencias que necesita el docente actual. Debe moverse en un territorio social líquido y cambiante y para ello necesita conocer las características y los contextos de los jóvenes, reformular las relaciones desde las subjetividades, habitar la escuela de manera distinta.
Y así, creando un nuevo hábitat, adaptado a la necesidad de cambiar es que volvemos al inicio para preguntarnos por qué no refundar la concepción de "escuela" desde el enfoque interrogativo a partir de los estudiantes pero también a partir de cómo estamos accionando. Porque en definitiva, la única forma de hacer brotar la curiosidad es permitiéndose cambiar las reglas del juego, de manera horizontal y dialogica, a través de las pregunta. 
Según la información aportada por el módulo VI de Práctica Docente, puede decirse que el posicionamiento ético es fundamental en el rol; al pensar al docente como transmisor cultural, también hay que pensar en cómo salir de zonas de imposiciones o victimizaciones. Es decir que existe una brecha entre lo que se le exige al docente gubernamentalmente hablando y lo que éste debe luego resignificar desde la responsabilidad política y pedagógica. Es allí donde debe encontrar y echar luz, una zona de acción y de promesas como educador. De esa manera el servido público deviene profesional: capacitándose y abriendo puertas dónde todo parece estar cerrado. Esas son las competencias necesarias que se requieren del docente actual: ser mediador de un proceso que implique abrazar los errores y comenzar a pensar desde las formas subjetivas, que "con estos chicos sí se puede". 
Hablamos una vez más, del docente como artesano pero a la vez como profesional. Un docente responsable y conocedor del "poder" de su tarea que pueda aprender lo nuevo y desaprender lo viejo para lograr acompañar en las nuevas configuraciones educativas. Esto no significa quedar a la intemperie sino más bien construir un nuevo hábitat donde, evidentemente las estructuras y el reproductivismo han de perder peso sabiendo que, como decía el autor Marshall Berman: "todo lo sólido se desvanece en el aire" y es necesario aprender a moverse en estos nuevos tipos de territorios sociales posmodernos, líquidos y vertiginosos. Todo un signo de que el futuro llegó y ya no hay límites si de potencialidades hablamos. 
Vaya desafío que se tiene desde educación.

Bibliografía consultada:
- Módulo VI. (2019) Profesorado. Práctica Docente I. CEDSa. Salta
- CEDSa online. (2016, 25 oct) Práctica Docente I, Competencias profesionales Recuperado de https://www.youtube.com/watch?reload=9&v=tmWFOw7H7oQ&t=586s
- TEDx. (2015, 14 ago). Lo que debemos desaprender para poder enseñar | María Eugenia Favret |. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=YrWCUb1Nw6Y
- Berman, M. (1982) Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad. Madrid: Siglo XXI

viernes, 30 de agosto de 2019

Escuela secundaria: ¿qué ves cuando la ves?

Una mirada abarcativa de las representaciones sociales



El Instituto Mariano Moreno de Rivera, es -sin dudas- un colegio que ha sabido construir una imagen clara y fuerte respecto al nivel y la calidad educativa. A lo largo de los años, los habitantes del pueblo, ex alumnos y docentes coinciden en la cualidad de prestigio que de alguna manera el Instituto supo conseguir.
Esta idea, sostenida a través de los años, para muchos otros actores sociales tiene una doble connotación: la lógica estereotipada de la escuela de los ricos o de quienes ocupan ciertos espacios de poder por llamarlo de alguna manera. Por lo tanto, el status del que se habla, tiene varias lecturas que son dignas de ser tomadas en cuenta a la hora de analizar la institución y los procesos que allí ocurren.
Llegamos así a la noción de las representaciones sociales que ocupan un buen lugar de las construcciones que hacemos de las instituciones a lo largo de la vida, incluso de las personas (dependiendo del lugar que ocupan en la sociedad). Hablamos por una parte, de una especie de "deber-ser", por otra parte de la naturalización de acciones, procesos y/o roles y también de la subjetividad del sujeto que dota de significación a esas representaciones que hereda, adquiere y a veces hasta arrastra, sin cuestionamiento.
Tal es así que el hábitus en términos sociológicos que nos gobierna en este caso en el campo de la educación, es en parte el responsable de nuestras reafirmadas representaciones sociales sobre varios de los aspectos de las instituciones educativas. En ese sentido, ya sabemos que dentro de la escuela se actúa de una forma, se esperan ciertas cosas y se obtienen más o menos conocidos resultados. Particularmente del Instituto, uno espera encontrarse con un espacio ordenado, limpio, seguro, disciplinado, elitista y serio. A la hora de la observación, se corroboran los primeros tres adjetivos a simple vista, pero respecto de los últimos se puede apreciar que esa seriedad y esa disciplina que sabían ser parte ineludible del colegio, que son imaginadas por gran parte de la comunidad, tienen que ver si con la exigencia que de hecho se observa y se recoge como dato pero además y fundamentalmente, con una vuelta de tuerca en las relaciones humanas entre los actores de la comunidad educativa del Instituto. De esta manera se cae una representación social fuerte que tiene que ver con ese denominado elitismo. Al observar y entrevistarse con los diferentes actores, se ve que esto no es así y se observan niños y adolescentes de diversas características. 
Por otra parte, en cuanto a la "seriedad" esta puede ser entendida como formando parte de un clima cordial, ameno, "buena onda" y se corrobora que es un espacio donde a la gente le gusta ir a trabajar. Esta misma idea la expresa la Directora de la Institución en entrevista.
Ahora bien, sobre las personas decíamos, -según el rol que ocupan- también recaen las representaciones. Nos referimos en este punto a los profesores y docentes. Y en el Instituto Mariano Moreno, por ejemplo, circunda la idea de que todos desean trabajar allí por el mencionado prestigio y porque además en esa escuela se trabaja a gusto. Por otra parte, se escuchaban ideas sobre profes "cucos" que según los aportes de una alumna, en el fondo no lo son tanto. 
Y entonces ¿qué vi en la escuela y cómo lo contrasto con mi trayectoria educativa?. Es una respuesta simple para mi, y la cual me hace ruido si me proyecto: veo docentes por un lado reproductivistas de discursos sobre alumnos difíciles y faltos de disciplina y veo por otro lado una camada de docentes que se involucran con las realidades de sus alumnos, conocedores de contextos y ávidos de intercambio significativo. Me pregunto muchas veces, parafraseando a Los redonditos de ricota: "¿de que lado de la mecha te encontrás?. 
Y por último pero no por eso menos importante, de todas las representaciones sociales, creo que hay un gran camino por recorrer hacia el estudiante como sujeto real. Observo que el discurso actual es ese, retomando a Freire, pero justamente es un discurso. En lo real, los docentes -sin maldad- no pueden aún resolver la situación de enseñanza sin ejercer viejos métodos tradicionales en los que todavía el alumno poco elige, poco vota y en consecuencia, poco sentido encuentra a esta otra representación social: ¿para qué me sirve esto?
Observo docentes que quieren hacer nueva escuela y tienen quizá en sus mentes idea de cómo hacerlo, pero en lo concreto, creo que esas representaciones de renovación se dan de bruces constantemente con las viejas concepciones, que de alguna manera parecen ser las que funcionan. Por que.. digamoslo: se imponen.
Me encuentro entonces con un colegio que me invita a seguir recorriéndolo y conociéndolo, porque deja entrever que allí más allá de lo visible y evidente, se viven todo tipo de experiencias (instituidas e instituyentes) que requieren ser miradas de cerca para ser comprendidas como formando parte de la práctica docente.

¡ Hasta la próxima mirada !

lunes, 17 de junio de 2019

"Salgamos a construir algo"

Casi veinte años. Mucho tiempo.
Veinte años de sostener hasta mis días determinadas creencias sobre la educación; veinte años que no fueron suficientes para erradicar la construcción de un modelo de escuela funcional ….. ¿a qué?.
Es que casi inevitablemente uno trae consigo certezas sobre lo que funcionaba y sobre lo que no, en aquellas épocas de secundaria. 

Pero hace algunos pocos años, comenzó la deconstrucción, en todo sentido. La revolución, diría yo. Una revolución permanente.

Lengua y literatura, Matemáticas y Contabilidad. Tres materias cuyas profesoras me marcaron lo suficiente como para que aún hoy, recuerde algunas de sus expresiones nítidamente. Es que definitivamente aquello que leemos en el material de la materia Práctica docente I cobra sentido ahora que hemos comenzado a andar el camino del profesorado: el “alto impacto” que tienen las primeras experiencias biográficas en la práctica profesional.

En cierta ocasión, con mis compañeros de curso recibimos la sanción de dos amonestaciones colectivas por una travesura realizada por uno de los alumnos a quien todos encubrimos. Y nos parecía bien. Jamás nuestros padres o nosotros mismos hubiésemos osado cuestionar la medida.

Pero  por otra parte, tampoco osábamos cuestionar malos tratos y reprimendas equívocas, como cierta vez en un viaje de estudio a la ciudad de La Plata, acompañados por la profesora de Literatura quien, en un momento del itinerario, se acercó ante el bullicio y como eligiendo a quien acusar me dijo, malvada y desafiante “no seas estúpida”.
Tampoco decíamos nada si la profesora de Matemáticas explicaba apenas una vez para la hilera de adelante y el resto éramos tratados como “burros” en otras palabras y miradas, claro está.

Y entonces, hoy me encuentro en más de una oportunidad deseando que vuelvan las eficaces amonestaciones que parecían ordenarlo todo.
Pero también, gracias a Dios me encuentro llena de esperanza viendo a miles de jóvenes luchando por sus ideales, teniendo la posibilidad de una educación liberadora crítica.

Estoy entonces parada en una zona de promesas, con ganas de generar ganas -valga la redundancia-  motivos, puentes, aprendizajes, intercambio colaborativo, acciones positivas para y por el mundo, nuestros pequeños mundos. Todo eso que verdaderamente no tuve en mi trayectoria escolar.
Claramente el contexto y la época son otros, hoy el momento y las características de los actores nos definen y posicionan. Antes, éramos seres pasivos, que muy poco cuestionábamos. Y hoy, no sólo somos más críticos sino que los mismos alumnos interpelan constantemente a sus maestros, y a sus mayores. Nosotros no lo aprendimos, porque no nos enseñaron.
Comienzo a pensar con qué tipo de herramientas cuento, que ya no son las mismas que utilizaron mis padres y mis maestros. El mundo de hoy exige otra mirada, paradójicamente más detenida, para pensar la vorágine. De repente recuerdo un texto académico llamado “Todo lo sólido se desvanece en el aire” de Marshall Berman, puesto que todo es vorazmente cambiante y hemos de reinventarnos para estar a la altura de las circunstancias. Si pienso en aquellos años, todo era lento, monótono y estructurado, respondiendo una y otra vez a los mismos patrones.
Pero hoy, si miramos, la experiencia juvenil debe ser abordada desde la prueba y error, la creatividad; hay que replantearse estrategias, asumir la condición actual de inmediatez desde una perspectiva más positiva si se.
Parada hoy entonces en esta “aldea global” (Marshall Mcluhan), fluye un mundo constantemente nuevo que apenas podemos predecir y en el cual la preparación propia pero sobre todo la de los protagonistas del mañana, cobra una importancia cada vez mayor. Entonces (me) surgen las preguntas: ¿qué es lo importante a transmitir? ¿Educamos con el ejemplo? ¿Con qué elementos debo contar hoy, a diferencia de los docentes de hace casi veinte años atrás? ¿Cómo son los alumnos de hoy y cómo puedo y debo tratarlos? ¿Cómo vincularme amorosamente con ellos sin perder el lugar del rol? ¿Cómo generar reflexión sin sanción?.
No tengo más respuestas que apartarme de viejos modelos para reinventarme (y hacia siente fuertemente que voy).

No tengo más respuesta que empezar desde dónde partí para escribir este texto: SALGAMOS A CONSTRUIR ALGO PORQUE …… TODAVIA QUEDA MUCHO POR HACER (Y POR SENTIR).

Y UN DÍA, LA RECTA FINAL

   A lo largo de diez horas de observación se van gestando el deseo y la necesidad de estar frente al aula, a cargo, al fin. Es cuando lo pi...