Casi veinte años. Mucho tiempo.
Veinte años de sostener hasta mis días determinadas
creencias sobre la educación; veinte años que no fueron suficientes para
erradicar la construcción de un modelo de escuela funcional ….. ¿a qué?.
Es que casi inevitablemente uno trae consigo
certezas sobre lo que funcionaba y sobre lo que no, en aquellas épocas de
secundaria.
Pero hace algunos pocos años, comenzó la
deconstrucción, en todo sentido. La revolución, diría yo. Una revolución
permanente.
Lengua y literatura, Matemáticas y Contabilidad.
Tres materias cuyas profesoras me marcaron lo suficiente como para que aún hoy,
recuerde algunas de sus expresiones nítidamente. Es que definitivamente aquello
que leemos en el material de la materia Práctica docente I cobra sentido
ahora que hemos comenzado a andar el camino del profesorado: el “alto impacto” que tienen las primeras experiencias biográficas en la práctica profesional.
En cierta
ocasión, con mis compañeros de curso recibimos la sanción de dos amonestaciones
colectivas por una travesura realizada por uno de los alumnos a quien todos
encubrimos. Y nos parecía bien. Jamás nuestros padres o nosotros mismos
hubiésemos osado cuestionar la medida.
Pero por otra parte, tampoco osábamos cuestionar
malos tratos y reprimendas equívocas, como cierta vez en un viaje de estudio a
la ciudad de La Plata, acompañados por la profesora de Literatura quien, en un
momento del itinerario, se acercó ante el bullicio y como eligiendo a quien
acusar me dijo, malvada y desafiante “no seas estúpida”.
Tampoco
decíamos nada si la profesora de Matemáticas explicaba apenas una vez para la
hilera de adelante y el resto éramos tratados como “burros” en otras palabras y
miradas, claro está.
Y
entonces, hoy me encuentro en más de una oportunidad deseando que vuelvan las
eficaces amonestaciones que parecían ordenarlo todo.
Pero
también, gracias a Dios me encuentro llena de esperanza viendo a miles de
jóvenes luchando por sus ideales, teniendo la posibilidad de una educación liberadora
crítica.
Estoy
entonces parada en una zona de promesas, con ganas de generar ganas -valga la
redundancia- motivos, puentes, aprendizajes, intercambio
colaborativo, acciones positivas para y por el mundo, nuestros pequeños mundos.
Todo eso que verdaderamente no tuve en mi trayectoria escolar.
Claramente
el contexto y la época son otros, hoy el momento y las características de los
actores nos definen y posicionan. Antes, éramos seres pasivos, que muy poco
cuestionábamos. Y hoy, no sólo somos más críticos sino que los mismos alumnos
interpelan constantemente a sus maestros, y a sus mayores. Nosotros no lo aprendimos,
porque no nos enseñaron.
Comienzo
a pensar con qué tipo de herramientas cuento, que ya no son las mismas que
utilizaron mis padres y mis maestros. El mundo de hoy exige otra mirada,
paradójicamente más detenida, para pensar la vorágine. De repente recuerdo un
texto académico llamado “Todo lo sólido se desvanece en el aire” de Marshall
Berman, puesto que todo es vorazmente cambiante y hemos de reinventarnos para
estar a la altura de las circunstancias. Si pienso en aquellos años, todo era
lento, monótono y estructurado, respondiendo una y otra vez a los mismos
patrones.
Pero hoy,
si miramos, la experiencia juvenil debe ser abordada desde la prueba y error, la
creatividad; hay que replantearse estrategias, asumir la condición actual de
inmediatez desde una perspectiva más positiva si se.
Parada
hoy entonces en esta “aldea global” (Marshall Mcluhan), fluye un mundo
constantemente nuevo que apenas podemos predecir y en el cual la preparación
propia pero sobre todo la de los protagonistas del mañana, cobra una
importancia cada vez mayor. Entonces (me) surgen las preguntas: ¿qué es lo
importante a transmitir? ¿Educamos con el ejemplo? ¿Con qué elementos debo
contar hoy, a diferencia de los docentes de hace casi veinte años atrás? ¿Cómo
son los alumnos de hoy y cómo puedo y debo tratarlos? ¿Cómo vincularme
amorosamente con ellos sin perder el lugar del rol? ¿Cómo generar reflexión sin
sanción?.
No tengo
más respuestas que apartarme de viejos modelos para reinventarme (y hacia
siente fuertemente que voy).
No tengo
más respuesta que empezar desde dónde partí para escribir este texto: SALGAMOS
A CONSTRUIR ALGO PORQUE …… TODAVIA QUEDA MUCHO POR HACER (Y POR SENTIR).
