Me encuentro atravesando el último año del Profesorado de Lengua y Literatura con todo lo que ello implica; el desafío fue cada año mayor y casi sin darme cuenta estoy a un paso de tener un curso totalmente a cargo. Para ello, los aprendizajes construidos en Práctica Docente todos estos años, hacen la diferencia en varios aspectos pero fundamentalmente en la organización de lo que será nuestro trabajo, ese que nadie conocerá mejor que nosotros mismos, reflexionando y revisándonos permanentemente en pos de dar lo mejor y de la mejor manera.
En este sentido, a la hora de realizar las propuestas anual y áulica para el espacio curricular Literatura de 4° año de secundaria, detecté la gran importancia de organizar por escrito y de manera sistematizada qué se va enseñar, con qué objetivos, a través de qué estrategias y con qué criterios: si bien es un trabajo arduo, de análisis permanente, escritura y toma de decisiones, brinda seguridad y constituye un norte, un “lugar seguro” al cual volver; en ese sentido, su flexibilidad será clave, puesto que muchas veces puede ser necesario cambiar el rumbo en función de las características del grupo de alumnos.
Las dificultades que se me presentaron tuvieron que ver con la interpretación del Diseño curricular jurisdiccional a la hora de plantear los contenidos a trabajar y los objetivos, dado que en este espacio curricular los contenidos están ligados a su vez con las prácticas del lenguaje mismo ya que la Literatura está “hecha de lenguaje” y “para el lenguaje” en tanto hecho comunicativo. Entonces, visualizaba que debía ser lo más clara posible en el planteo, focalizándome en plasmar la importancia de enseñar Literatura, su valor, su “para qué” y cómo imbricada a la vez en las prácticas que la integran, sin que se tornara difuso o se mezclaran los apartados. De esta manera, sentí que debía lograr transmitir en mis propuestas –acto nada sencillo-, el sentido complejo y profundo al que invita la asignatura, mostrando un conjunto de rasgos propios que ayuden a los alumnos a comprenderla y valorarla.
Particularmente en la propuesta áulica (que es lo que siento como más concreto o más cercano en cuanto a la inmediatez de su aplicación) identifiqué que hay mucho más planteo implícito que explícito en cuanto a lo que se espera lograr; creo que lo que termina definiendo su éxito es la presentación oral de la actividad y tener muy claros los objetivos, siendo estos comunicados a los alumnos, al igual que los criterios de evaluación. Si uno observa la propuesta aquí presentada, puede incluso parecer más de lo mismo: lectura de textos, respuesta a preguntas y producción conjunta sobre el final. Sin embargo y pensando en lo que puede ser una dificultad a dilucidar en el aula misma, pretendo contagiar el placer de la lectura, fomentando desde el comentario la comprensión lectora y desde las preguntas, la interpretación, la apropiación de saberes, el valor cultural y estético de la Literatura, un área que integra y perfecciona las competencias comunicativas, tan necesarias en todo tiempo y espacio. Finalmente el aspecto quizá más llevadero de la propuesta tiene que ver con lo lúdico de generar una producción escrita creativa que luego dialogará con otros tipos de lenguajes desde las TIC. Pensando entonces en cómo contar todo lo que pretendo hacer es que creo que se completa el proceso; el mismo debe estar en armoniosa consonancia con los objetivos de enseñanza/aprendizaje, propuestos. Y es allí donde me recuerdo a mí misma que es necesario controlar la ansiedad que me genera no poder explicitar del todo aun lo que sí sé que puedo transmitir en el aula desde la oralidad (la pasión misma creo yo); mientras tanto, considero que debo seguir trabajando en la escritura de mis documentos futuros para lograr planificaciones más eficaces, prácticas, claras y a la vez sentidas. Por lo pronto resta tenerme mayor confianza porque…. todo está escrito pero nada está escrito. Seguiré haciendo camino al andar.