sábado, 17 de octubre de 2020

UN AÑO PATAS PARA ARRIBA




Cuando vimos que efectivamente el Coronavirus había llegado a nuestro país y que la cuarentena era inminente, nunca nos imaginamos el cambio abrumador que ello supondría en nuestras vidas y, fundamentalmente, en el campo de la educación.

Al dictarse la ASPO (aislamiento social preventivo obligatorio) allá por marzo, los docentes y estudiantes nos preparábamos para quince días de virtualidad, más nunca para una extensión prolongada e interminable del "encierro" que supuso y supone aún, la cuarentena. 

Pasamos por absolutamente todos los estados.

Aprendimos de todo.

Nos preocupamos demasiado.

Vivimos emocionalmente náufragos.

No vemos un horizonte claro.

SIN EMBARGO, TE QUIERO, diría Sabina. 

Y eso es lo que nos describe a los docentes -en nuestro caso en formación- muchos de los cuales nos encontramos ejerciendo esta profesión tan apasionante como estresante. Vaya si lo hicimos (al menos lo intentamos). 

Literalmente, nos quemamos las pestañas, como dice la frase. Lo dimos todo.

Se puso en marcha un mecanismo de búsqueda implacable de estrategias innovadoras que lograran captar la atención de los alumnos.

Vimos frustradas nuestras prácticas docentes como alumnos del profesorado de Lengua y Literatura, aunque pudimos encontrar la manera de seguir aprendiendo de la mano de nuestras tutoras. 

En ese sentido, dichas prácticas reforzaron nuestra competencia reflexiva y analítica. Tal es así que a la fecha, nos encontramos realizando un estudio pormenorizado de la gestión curricular y de las prioridades institucionales de la escuela secundaria en todo el país. A partir de allí descubrimos que no por no entrar a las aulas este año, la educación había dejado de existir sino más bien todo lo contrario: redoblamos esfuerzos y pusimos en juego nuestra capacidad creativa para lograr innovar en el campo virtual y a la vez, estudiar el marco institucional y curricular de las escuelas.

Hoy, a pesar de que mi mundo se encuentra patas para arriba, me siento afortunada de poder profundizar conocimientos teóricos cuya funcionalidad antes no lograba visualizar pero que ahora se torna fundamental en tanto ordenamiento y dirección de nuestros saberes didácticos. Sin dudas el análisis institucional y el estudio de la importancia de la planificación, orienta nuestras prácticas.

No está resultando fácil formarse y ejercer en pandemia, está claro. Más no es imposible ya que el desafío es no abandonar; sostener el vínculo, seguir pensando estrategias, estar cerca y siempre pretender aprender y enseñar. 

La escuela prepara para la vida.

Y sin dudas que seguimos haciendo escuela, aunque sepamos que ésta deba renovarse, deba evolucionar, deba dar el salto.

La docencia hoy, sostuvo a muchos. Aprender, empodera.

En definitiva, la vocación y la dedicación, sin dudas traerán sus frutos (algo que constataremos sólo con el tiempo)

Gaby

Y UN DÍA, LA RECTA FINAL

   A lo largo de diez horas de observación se van gestando el deseo y la necesidad de estar frente al aula, a cargo, al fin. Es cuando lo pi...